viernes, 20 de marzo de 2009

AMOR A ROMA. Artículo.

AMOR A ROMA.
Pere Ruiz
Ya va siendo hora de que dejemos de pensar que palindrómicamente no nos queda más remedio que hacer el AMOR en ROMA. Esa especie de condena a la que parece estar sometido el palindromista conformista por el hecho de que la obra forme parte activa de sí misma, no es más que el jugo que se ha de exprimir en pro de su estilo y en beneficio del mensaje que quiere transmitir.
Los palindromistas de esta E. P. P. (Edad de la Piedra de la Palindromía) tendemos a creer aún que si la Luz es AMOR, la Sombra ha de ser inevitablemente ROMA y viceversa, cuando ya está más que visto que esa tendencia sólo es producto de la impaciente rapidez con que se afronta la creación palindrómica.
La tan referida cárcel donde habita el palíndromo no es para nada cadena que sólo ate a esta figura retórica y no es, por tanto, algo que lo separe o diferencie demasiado de otras técnicas literarias. Cuando el poeta compone un pareado de rima aa, se está adentrando en una prisión en la que acepta que si el primer verso termina diciendo DECORO, el segundo, por fuerza, también soportará una carga de ORO, de modo que por lo menos un par de sílabas de las ocho de ese verso ya están predeterminadas y se pueden considerar Sombra de esa estrofa. Es obvio decir que la lengua castellana cuenta con un número finito de palabras que acaban en ORO; de ellas y no de otras, el poeta habrá de escoger, pues la PLATA aquí no sirve. Serán el estilo y la intención del mensaje que quiera transmitir los que lleven finalmente a decidirse a la hora de rimar aquel DECORO con IMPLORO o quizás TEODORO, entre una lista de posibilidades más. IMPLORO ó TEODORO intentarán iluminar esa zona de Sombra, pero ¿Cuál de ellas ofrecerá más luz al poema? Pues sencillamente aquella que ayude más a configurar un Buen pareado.
El poético ejemplo es muy gráfico, pero hay muchos más, ya que en estos juegos de palabras, que no son otra cosa que el oficio de escribir, se dan también en la narrativa sin ir más lejos. Si nos proponemos componer una novela de AMOR lo más romántica, idílica y amable posible, es posible que no demos demasiada cabida en ella a locuciones como GUERRA, DESASTRE o VIOLACIÓN, pues enturbiaríamos en gran manera ese ambiente y esa atmósfera que pretendemos crear. La prisión está ahora en el hecho de que hemos de desestimar una buena parte de las ofertas del diccionario también.
Así pues, vemos como la Constricción, que pensábamos, era patrimonio exclusivo de la Palindromía, es elemento fundamental del resto de la literatura. El palindromista, como el resto de escritores, ha de acostumbrarse a vivir con ella y ha de aprender a desenvolverse, como todos, en ella, y más que otros si cabe, pues mientras ande buscando simetrías, será su compañera constante.
Propongo ya, que cuando hablemos de AMOR en los palíndromos, comencemos a olvidarnos de ROMA –pues tanto es ya lo que nos hemos acordado de ella- y busquemos la Luz en otras ofertas como: BROMA, AROMA, MAROMA, ARO M…, AR O M…, OTRO MÁS, ORO MALO, ROMAZA P… y mil más, hasta agotarlas, las ofertas del diccionario y de la lengua toda digo. Y cuando nuestro punto de partida haya de estar en ROMA y no sea nuestra intención enamorarnos, pues busquemos en CLAMOR, A MORA, AMO R…, AMORAL, AMORDAZO, AMORRAR, LLAMÓ R… o LA MOROSA.
No nos conformemos conque el AMOR, que es un sentimiento libre y no sabe de límites, tenga que encarcelarse en ROMA, por el bien de la Palindromía y por ir saliendo, pasito a pasito de la E. P. P. Digo.
Súria, quinto de febrero de 2009.

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